La semana del Día Mundial de la Obesidad en FNETH
La obesidad ha dejado de ser una preocupación meramente estética para convertirse en uno de los desafíos sanitarios más críticos del presente y futuro. En los últimos años, hemos sido testigos de un aumento alarmante en su prevalencia, pero lo más preocupante no es solo el número de personas afectadas, sino la complejidad de las patologías que arrastra consigo. Estamos ante una crisis que no entiende de fronteras y que, de no intervenir con determinación, definirá el mapa de la salud pública de las próximas décadas.
Uno de los frentes más peligrosos y, a menudo, menos visibles de esta situación es su relación directa con la enfermedad hepática. La esteatosis hepática metabólica se ha convertido en la manifestación hepática de la obesidad, actuando como una bomba de relojería que puede derivar en inflamación, fibrosis y complicaciones graves. El hígado es el motor metabólico de nuestro cuerpo, y el exceso de grasa lo está silenciando.
Desde FNETH, entendemos que no podemos ser meros/as observadores/as. La obesidad y la salud del hígado están intrínsecamente conectadas, y es nuestra misión impulsar a las instituciones para conseguir acciones que promuevan la prevención, el diagnóstico precoz y la educación, entre otros muchos factores que influyen en la obesidad.
Esta semana, con motivo del Día Mundial de la Obesidad, hemos acudido a dos jornadas centradas en transformar esta preocupación en acción.
Avances clínicos y retos compartidos para la mejora del abordaje de la obesidad
La semana comenzó el día 3, previo a la celebración del día mundial, en la jornada que organizó Alianza por la Obesidad y que tuvo lugar en el CaixaForum de Madrid. Conducido por Coral Larrosa, vicepresidenta de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), dieron inicio al acto Federico Luis Moya, Presidente de la Asociación Nacional de Personas que viven con Obesidad (ANPO), y César Hernández, Director General de Cartera Común de Servicios del Sistema Nacional de Salud y Farmacia.
El presidente de ANPO lanzó un aviso de que el 36% de la población convivirá con obesidad si no se implementan medidas «de manera contundente». Añadiendo que esto conlleva comorbilidades asociadas como apnea del sueño, diabetes y artrosis, entre otros.
Destacó como el 62% de la población que vive con obesidad considera que el impacto emocional de ésta es grave, destacando como 2 de cada 3 personas con obesidad declaran haber sufrido estigma y evitan frecuentar el sistema sanitario, algo que puede impactar en su salud. Además, añadió que la obesidad representa el 9,7% de los gastos sanitarios en España.
En la primera mesa de debate se abordaron los retos de la experiencia del paciente mediante Juan González, miembro del Grupo de Trabajo de Diabetes, Obesidad y Nutrición de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI); Juan Carlos Julián, director de la Federación Nacional de Asociaciones para la Lucha contra las Enfermedades del Riñón (ALCER); Paola Martínez, presidenta de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia de Aragón (SEMG Aragón) y componente del Grupo de Endocrinología de la SEMG y Josep Vergés, presidente de la Fundación Internacional de la Artrosis (OAFI).
Entre todos/as llegaron a la conclusión de que se debe de quitar culpabilidad al/la paciente y no criminalizar la enfermedad. Haciendo hincapié en que no se puede caer en la mala acción de decirle a la persona con obesidad que vuelva a consulta «cuando adelgace» cuando se trata de una enfermedad multifactorial y que necesita un abordaje como tal para crear un camino y relación sanitaria-paciente que le ayude a avanzar y no se encuentre solo/a.
La última mesa de la jornada tuvieron como protagonistas a representantes de las Comunidades Autónomas como: Pilar Aparicio, coordinadora de la Estrategia para el Abordaje de la Cronicidad en el SNS; Francisca Guerra, técnica del Servicio de Atención Primaria de la DG de Programas Asistenciales del Servicio Canario de Salud (SCS) y Sagrario Pérez, subdirectora General de Estilos de Vida Saludable de la Conselleria de Sanidad de Galicia. Entre todas pusieron de manifiesto cómo avanzar en la mejora de la obesidad en las políticas públicas.
Se planteó si el país está preparado para afrontar una epidemia de obesidad ya que la prevención está fallando en España y la promoción de hábitos de vida saludables es muy baja. Ratificaron que «hay que mirar menos a la pantalla y más a los ojos del pacientes, ser capaz de ver más allá». Pusieron como ejemplo a Japón, que ha revertido los datos y porcentajes en su población a través de un abordaje multidisciplinar y una prevención cuidada que ha tenido un gran efecto.
Esta jornada en el Congreso ha dejado claro que la obesidad en España ya no puede abordarse con parches, sino con una transformación profunda de nuestro sistema sanitario y legislativo. Con una prevalencia y un gasto público en ascenso, el éxito de cualquier estrategia nacional dependerá de nuestra capacidad para humanizar la atención, sustituyendo el estigma y la culpabilización por un acompañamiento médico integral y cercano.
Innovación y equidad en el abordaje de la esteatosis hepática metabólica
Además de nuestra presencia en el CaixaForum, participamos en una jornada científica de alto nivel en la sede de la Organización Médica Colegial (OMC), centrada en el hígado como el gran «olvidado» de las enfermedades metabólicas. El encuentro subrayó que la obesidad, la diabetes y la hipertensión no pueden entenderse sin su impacto directo en la salud hepática, conformando lo que ya se denomina el síndrome cardio-hepato-reno-metabólico.
El acto lo inauguraron Pedro Gullón, director general de Salud Pública y Equidad en salud; Tomás cobo, presidente de la OMC y Javier Crespo, coordinador científico. El señor Gullón puso de manifiesto la importancia de la prevención de la obesidad, afirmando que no pertenece solo al ámbito sanitario sino también, a las políticas de alimentación, disponibilidad de tiempo para poder descansar (menos sueño = más obesidad). Además, añadió que 18 ministerios se han reunido para acometer acciones desde otras perspectivas para prevenir la obesidad.
La primera mesa tuvo como título ‘Ciencia y frontera: hacia una medicina metabólica de precisión‘ en la que participaron la Dra. Malu Martínez-Chantar, jefa de grupo de CIC BioGUNE; Dr. Manuel Romero, hepatólogo en el Hospital Universitario Virgen del Rocío, y Francisco Tinahones, de The European Association For The Study of Obesity.
La doctora Martínez-Chantar se centro en los mecanismo patogénicos, señalando que la progresión de esteatosis a MASH y fibrosis avanzada está determinada por la inflamación crónica y la activación fibrogénica. Factores como el estrés oxidativo, la disfunción mitocondrial y la lipotoxicidad desencadenan una respuesta de proteínas mal plegadas y alteraciones en el metabolismo del calcio. Por otro lado, abordó el eje hígado-cerebro, con investigaciones en modelos animales bajo el brazo, que demuestran que el MASLD provoca neuroinflamación y alteración de la neurogénesis, afectando a las espinas dendríticas y causando deterioro cognitivo. Estos procesos son reversibles si se revierte la patología hepática.
Respecto al futuro afirmó que se requiere una medicina personalizada basada en biomarcadores dinámicos y dianas moleculares críticas, como la mitocondria, para monitorizar la progresión de la enfermedad.
Tomó la palabra el doctor Romero, hablando sobré los datos que arrojan los ensayos clínicos y que, por fin, muestran luz al final del túnel. En palabras suyas, ‘tras años de fracasos por criterios de inclusión excesivamente rígidos, el panorama ha cambiado. Hay un tratamiento que ha sido el primero en cumplir todos los objetivos clínicos, mientras que otros fármacos muestran gran potencial, especialmente en estadios de fibrosis avanzada (FIII)’. Añadió un dato bastante a tener en cuenta como que una reducción del 20% en la rigidez hepática se perfila como un indicador de paciente respondedor.
Llegó el turno del doctor Tinahones con un concepto muy prometedor a la par que interesante: el intestino se consolida como el gran regulador de las señales de apetito. Bajo esta premisa, hay fármacos que lideran la pérdida de peso, mientras que otros demuestran, incluso, la reversión de la Apnea Obstructiva del Sueño (AOS).
A continuación, se realizó un debate que puso de manifiesto que, aunque la innovación científica avanza rápido, el éxito real depende de la adherencia y la gestión en el día a día. Los/as expertos/as advirtieron que la cronicidad de esta patología exige un manejo más flexible y humano, centrado en minimizar los efectos que dificultan la continuidad del seguimiento médico. Se subrayó que no existe una solución única para todos; la clave reside en una medicina personalizada que, apoyada en biomarcadores dinámicos, permita entender la progresión de la inflamación y la fibrosis en cada paciente de manera individual.
Durante el encuentro se fue tajante al desmitificar el concepto de «obeso sano«, señalando que la obesidad siempre conlleva un riesgo metabólico y cardiovascular latente. En este sentido, se destacó que identificar una afección concreta, como la salud del hígado, ayuda al/la paciente a comprender mejor su enfermedad y mejora su compromiso con el cuidado de su salud. Además, la evidencia de que existen mecanismos fisiopatológicos claros detrás de la enfermedad está ayudando a romper el estigma y el autoestigma, validando que no se trata de una falta de voluntad, sino de un problema biológico complejo.
Finalmente, se abordó la urgencia de garantizar la equidad en el acceso a los avances médicos, evitando que el nivel económico sea una barrera para la salud. Los/as ponentes coincidieron en que el sistema sanitario actual está infradotado y reivindicaron la integración de equipos multidisciplinares, incluyendo nutricionistas y fisioterapeutas, en el sistema público. Asimismo, se defendió la automatización de herramientas de cribado para asegurar que cualquier indicio de daño hepático active una derivación directa al especialista, evitando que el paciente quede desatendido en un sistema saturado.
Llegamos de esta manera a la segunda mesa de debate: ‘Del paciente al sistema: una respuesta clínica y asistencial integrada’, liderada por el Dr. Rafael Bañares, presidente de la Asociación Española para el Estudio del Hígado; Noelia Fontanillas, coordinadora del GT de Aparato Digestivo de SEMERGEN; Dra. Juana Carretero, de la Sociedad Española de Medicina Interna, y el Dr. Javier Escalada, endocrinólogo de la SEEN.
En esta segunda mesa de debate, los/as expertos/as analizaron las barreras que impiden que la enfermedad hepática ocupe el lugar que le corresponde en la agenda pública y sanitaria. El Dr. Rafael Bañares abrió la sesión señalando la falta de eco mediático que tienen estas patologías, lo que dificulta que el mensaje sobre su gravedad y prevención cale realmente en la población general. Esta invisibilidad contrasta con la realidad clínica: la enfermedad hepática metabólica (MASLD) es ya la patología del hígado más prevalente en nuestro país.
Desde la Atención Primaria, la Dra. Noelia Fontanillas destacó una brecha preocupante entre el conocimiento y la práctica: aunque la mayoría de los/as profesionales conocen las herramientas de cribado, solo un tercio las utiliza de forma habitual. Para revertir esta situación, reivindicó la necesidad de integrar sistemas automáticos de cálculo en los historiales clínicos electrónicos, evitando que los médicos tengan que recurrir a herramientas externas en consultas ya de por sí saturadas.
Por su parte, la Dra. Juani Carretero definió la obesidad como una enfermedad metabólica multisistémica que va mucho más allá del peso, afectando a dimensiones críticas como la resistencia a la insulina y la salud vascular. Bajo esta premisa, propuso la figura del internista como el coordinador clínico ideal para ofrecer una visión holística del paciente.
Finalmente, el Dr. Javier Escalada recordó que la prevalencia del MASLD en España ya alcanza el 25,8%, una cifra que obliga a todas las especialidades a trabajar en equipos multidisciplinares, ya que la complejidad de la enfermedad hace imposible un abordaje individual o fragmentado.
El cierre del debate abordó la gran paradoja actual: ¿por qué, existiendo consenso médico, el infradiagnóstico sigue siendo tan elevado? Las doctoras Noelia Fontanillas y Juani Carretero coincidieron en que la solución no solo es clínica, sino de gestión. Es imperativo sensibilizar a las gerencias sanitarias para que la obesidad y la salud hepática se conviertan en prioridades estratégicas, ya que actualmente la obesidad sigue siendo una enfermedad «invisible» que a menudo ni siquiera figura en los informes de alta hospitalaria.
En cuanto a la tecnología diagnóstica, el Dr. José Luis Calleja puso sobre la mesa el desafío económico del Fibroscan, cuyo alto coste de adquisición y mantenimiento, sumado a la variabilidad entre operadores, limita su despliegue masivo. Como alternativa de gestión, se propuso el uso del test ELF (una prueba de sangre que mide marcadores de fibrosis) como una segunda línea mucho más accesible para el sistema público, permitiendo una estratificación de riesgo más ágil y económica. Sin embargo, desde la Atención Primaria se sigue defendiendo la necesidad de acercar herramientas de medición de grasa hepática directamente a las Zonas Básicas de Salud para no perder pacientes en el proceso de derivación.
Finalmente, el debate situó a los/as pacientes y sus federaciones como los actores más determinantes para el cambio. El Dr. Javier Crespo y el Dr. Calleja destacaron que, al igual que ocurrió con otras patologías históricas, será la exigencia de los y las pacientes la que fuerce a las administraciones a negociar precios justos y garantizar una distribución equitativa de la innovación. El reto, como concluyó el Dr. Rafael Bañares, reside en transformar la narrativa: dejar de hablar de la obesidad y el hígado graso únicamente como enfermedades individuales para tratarlos como un problema de salud pública que requiere una respuesta política y social coordinada.
La Dra. Cristina Avendaño aportó una visión institucional clave sobre el momento de transformación que vive el sistema sanitario español. Como representante de las 46 sociedades científicas de especialidades médicas del país, subrayó que el abordaje de la obesidad y la salud hepática es el ejemplo perfecto de por qué es vital la colaboración multidisciplinar y una interlocución fluida con las administraciones.
La Dra. Avendaño destacó que nos encontramos ante un cambio histórico en la evaluación de la innovación, impulsado por el nuevo Reglamento Europeo de Evaluación de Tecnologías y la inminente actualización legislativa en España con la nueva Ley de Medicamentos y los Reales Decretos de evaluación y financiación. Este nuevo marco regulador es una oportunidad para que las sociedades científicas intervengan activamente en la creación de un sistema de acceso más ágil y transparente. En este escenario de «innovación responsable», el objetivo es asegurar que las decisiones sobre qué tecnologías y fármacos se incorporan al Sistema Nacional de Salud no solo se basen en criterios de eficacia, sino que garanticen una equidad real para los/as pacientes, permitiendo que los avances científicos se traduzcan de manera efectiva en mejoras asistenciales dentro de un sistema que debe evolucionar al mismo ritmo que la medicina metabólica.
Continuó la mesa Tomás Castillo que aportó la perspectiva social y el compromiso de los/as propios/as afectados/as en la lucha contra la obesidad y la enfermedad hepática. Castillo subrayó que el problema del hígado es un denominador común a múltiples patologías que requiere una estrategia de salud pública clarísima, capaz de convertir el diagnóstico en una acción inmediata y equitativa. Para el representante de los y las pacientes, la equidad no es negociable: no es aceptable que existan diferencias territoriales en el acceso a la detección y que la información clínica no fluya de forma ágil entre comunidades. Además, fue contundente respecto a la barrera económica, denunciando que el coste de ciertos tratamientos puede suponer hasta la mitad de la pensión de un paciente, algo inadmisible en un sistema que se define como universal.
Finalizó Jeffrey Lazarus calificando la jornada como un éxito por situar la salud pública en el centro, insistiendo en que el abordaje del hígado graso debe evolucionar desde el órgano hacia un enfoque centrado en la persona. Utilizando ejemplos de éxito como el de Escocia, Lazarus subrayó que la clave no es solo la tecnología, sino la colaboración entre laboratorios, primaria y especialistas para que el diagnóstico sea ágil y no sature el sistema.
Asimismo, hizo un llamamiento urgente a humanizar el lenguaje para eliminar el estigma y a garantizar que la enfermedad aparezca explícitamente en las agendas políticas y en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Su hoja de ruta para 2030 es clara: reconocimiento oficial de la patología, colaboración multidisciplinar, implementación real de las guías existentes e innovación para simplificar el diagnóstico. En definitiva, actuar sobre la obesidad y el hígado no es pedir «más», sino integrar lo que ya se está haciendo bajo una estrategia coordinada que garantice que nadie se quede atrás.
Para concluir la jornada, el Dr. Javier Crespo destacó que estrategias de salud pública como la planteada para 2032 no solo benefician al hígado, sino a toda la salud metabólica del país, siendo una apuesta por la que es imposible no trabajar a favor. En sus palabras de cierre, se reafirmó que los/as pacientes son la razón de ser de la medicina y deben ocupar el centro absoluto de toda atención.
Se hizo un llamamiento a que las organizaciones y plataformas de pacientes colaboren estrechamente con los/as profesionales para transformar una enfermedad que es reversible si se actúan sobre sus determinantes. Además, se subrayó que la visibilidad es el mejor antídoto contra el estigma: cuando los pacientes hablan y la sociedad comprende que la enfermedad no es una cuestión de culpa individual, sino el resultado de múltiples factores biológicos y sociales, el prejuicio desaparece. Con un mensaje de ilusión y compromiso, la jornada cerró reforzando la idea de que, unidos, es posible cambiar el rumbo de esta patología.
Estas jornadas en las que hemos participado dejan claro que la obesidad y los problemas de hígado no son culpa del paciente, sino un reto de salud que nos afecta a todos. El éxito no solo depende de los nuevos fármacos, sino de que el sistema sanitario sea más humano, elimine los prejuicios y garantice que cualquier persona, viva donde viva, reciba el mismo trato y diagnóstico. Desde FNETH, nos comprometemos a seguir trabajando para que el cuidado del hígado sea una prioridad y para que ningún paciente se sienta solo o señalado en su enfermedad.
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