Entrevista Mayte Govantes, creadora del proyecto y taller de joyería terapéutica 'HEPATOALAS'
Tras convivir con una enfermedad crónica y pasar un trasplante hepático split, Mayte Govantes ha encontrado en la arteterapia y su taller de joyería hepática un nuevo espacio para volcar las emociones por las que ha transitado a lo largo de su vida.
Has convivido más de 30 años con una enfermedad hepática. ¿Cómo viviste esa etapa y qué impacto tuvo en tu día a día?
Vivir 33 años con una enfermedad crónica fue, sencillamente, muy duro porque tuve que renunciar a la normalidad y a mis proyectos de vida. Desde los 24 años, mi vida se convirtió en un esfuerzo de cuidado exclusivo hacia mi hígado enfermo. El impacto del cansancio crónico fue un muro que limitaba mi energía, propiciando que proyectos y cosas que empezaba con ilusión no llegaran a nada. La enfermedad me obligó a renunciar a situaciones naturales, a la maternidad, al desarrollo profesional, etc.
Las restricciones eran enormes, como la necesidad de dieta estricta sin sal por tomar diuréticos durante tres décadas, lo cual afectaría de pleno en mi vida social y familiar. Toda esta etapa fue una lucha silenciosa, donde el inmenso esfuerzo por salir adelante y superar la cirrosis no era visible para el resto. La vida se redujo a la supervivencia marcada por la restricción, la fatiga y la renuncia a una vida plena.
Tuviste que dejar de trabajar por motivos de salud. ¿Cómo afrontaste ese cambio tan brusco en tu vida?
El abandono del mundo laboral no fue solo un cambio brusco por llevar apenas un año trabajando, sino que vino acompañado de un miedo muy real, ya que mi trabajo pudo haber sido la causa directa de mi enfermedad. Al principio, mi reacción fue de resistencia total. Me puse a mandar currículums porque creía que podría volver a trabajar, sin embargo, mi formación en biología me hizo entender muy bien la gravedad de lo que me estaba sucediendo. Esta conciencia me llevó a aceptar que la única prioridad era la supervivencia y el cuidado. La vida laboral se convirtió en “cero”, y me centré en lo que los médicos me indicaban.
Para evitar la tristeza y el vacío, me enfoqué en actividades manuales e intelectuales, cerámica, acuarela, fotografía, y me matriculé en Filosofía en la UNED. Necesitaba redirigir mi energía y mantener la mente activa a pesar de la restricción física. Sin embargo, en el momento en que se requería profesionalización, es decir, hacer lo que todo el mundo hacía, horarios, etc., mi situación paralizaba el avance. En principio no tenía una esperanza de vida muy larga por lo que luchaba por vivir el momento, aunque nunca creí del todo que podía ponerme peor. Supongo que nunca acepté lo que pasaba e intenté seguir con mi vida, me saqué el carnet de conducir, etc. Traté siempre de tener autonomía. Mi relación con mi entorno ya empezó a resentirse, teníamos distintas prioridades. Yo pensé en vivir la vida que me tocó y sacar provecho de las circunstancias.
¿Cómo viviste la espera del trasplante hepático y qué supuso para ti recibir finalmente un trasplante split?
Mi médico de digestivo, el Dr. Castellano Tortajada del Doce de Octubre, me derivó a la consulta del trasplante por una descompensación lógica en mi cirrosis. Este acto de previsión fue vital para mí. Estuve en la consulta de trasplante desde el 2016 hasta el 2021 y fue una etapa muy triste. Cada vez estaba peor y a este deterioro se sumaba la incertidumbre, ver que cada vez empeoras más hace que veas inviable el trasplante. Para mí, el split fue mi segundo nacimiento.
Yo tengo un hermano mellizo. La noticia de que mi trasplante implicaba a un niño fue muy emotiva, ya que renacía acompañada. El recibir una muestra de amor incondicional de parte del donante y su familia es algo que anula por completo la soledad que siente un enfermo de larga duración. En medio de esta soledad de la encefalopatía hepática, de la distorsión de la percepción y de una muerte inminente, la implicación de tantas personas con la vida sobrecoge.
¿En qué momento decidiste transformar tu experiencia con la enfermedad y el trasplante en arte, y cómo nació tu proyecto de joyería?

Mi proyecto ‘HEPATOALAS’ nació de la necesidad de transformar la lucha del enfermo crónico en algo tangible, bello y significativo. En joyería se pueden unir módulos con fuego. La mancha de fuego, la oxidación, el sufrimiento del metal, su transformación, el cambio de color, etc. La resiliencia del metal me impactó. Es como el proceso de una gran lucha: una mancha rojiza, negra o tostada es la prueba de la batalla.
Para eliminar la mancha usamos sales para decapar, se quita así la capa de sufrimiento. El metal sale completamente limpio y brillante después del baño, listo para ser pulido.
El objeto se transforma en algo más fuerte tras unirlo. Aunque no siempre es así, se puede dejar sin pulir, se puede oxidar o se le puede dar textura. Eso demuestra que todo lo que pase debe ser aceptado y valorado en su singularidad.
El decidirme por la joyería fue algo que no pensé, surgió y me animé, aunque con mucho miedo por si no era capaz. Cuando pasas por momentos de extrema debilidad y falta de concentración, es difícil hacer casi cualquier cosa, pero poco a poco lo consigues. No es lo que quieres, pero debes de aceptar tus limitaciones, por eso lo hice.
Encontré un lugar maravilloso de concentración y aprendizaje, Studio Squina, y pude poco a poco ir perdiendo el miedo. Me quemé , me corté y metí la pata mil veces pero pude seguir. Gracias a Sandra y a Álvaro.
Tus piezas están llenas de simbolismo relacionado con el hígado, el trasplante y tu propia historia. ¿Qué representan para ti y qué te inspira cuando las creas?
Cuando convives 33 años con un hígado enfermo, es como si (bromeando) fueras un hígado. Siempre lo tienes presente. Viendo el trabajo de muchos joyeros conceptuales que tratan de exponer sus ideas en piezas de joyería pensé que el hígado se merecía un homenaje. Según estaba cortando un hígado con la segueta entró mi marido a la habitación y me dijo… “¡Qué ala tan bonita estás cortando!”, y yo pensé que tenía razón, que era una ‘Hepatoala’.
Al crear algunas piezas siento el dolor de las sensaciones que tuve y que no olvido. Además, pensar en ellas me hace reflexionar sobre el proceso y la implicación de tantas personas en él. También me hace feliz el hecho de poder representar al hígado que cuidé y el que recibí juntos, ese momento en el que no te enteras de lo que está pasando y hay tantos profesionales cuidando de que todo vaya bien. También, y sobretodo, captar el hígado de mi donante como algo que debo cuidar con el mismo mimo con el que cuidé del mío, evitando rechazar ese acto de amor incondicional a la vida que representa un trasplante.
¿Hay alguna joya que sientas especialmente significativa o que resuma mejor tu experiencia personal?

‘La cicatriz singular’ es un collar sencillo que es de color negro y oxidado con sulfuro de potasio (hígado de azufre o Liver of sulfur). Son las grapas que aparecen con partes irregulares en algunos casos y con una zona que sobresale. Quiere representar a la cicatriz que duele, las adherencias que tiran. Aparece
representado el ombligo del primer nacimiento sobre el que las grapas establecen nuevas conexiones transformándolo en un segundo ombligo dolorido y tirante. Dos infinitos desembocan en un pequeño hígado en la cadena que rodeará el cuello.
La cicatriz singular curada, pulida y simétrica aún no la he pensado porque de momento me molesta mucho como para pasar de fase.
Quería hacerla más grande, pero he intentado simbolizar un dolor que pueda ser asumible y que concluya en una curación casi total. La hidroterapia y Diego, mi fisio, me ayudan en esta idea y la verdad es que cada día me siento mejor.
¿Cómo ha reaccionado la gente al conocer tu trabajo? ¿Te ha llegado algún mensaje o historia que te haya emocionado especialmente?
De momento son pocas las personas las que conocen la colección ‘Hepatoalas’. Estamos en las primeras etapas, esto es deliberado. He preferido ir poco a poco porque este proyecto es demasiado emocional para mí. Quiero que el mensaje sea de esperanza y no de angustia y a veces me entran dudas. Antes de que termine el año mi intención es compartirlo con todos.
Para quienes quieran acceder a tus piezas, ¿cómo funciona tu taller y cómo pueden adquirir tus joyas a través de tu web? Además, ¿qué planes te gustaría desarrollar a futuro con HepatoAlas?
Mi proyecto nace de la necesidad de transformar mi experiencia, pero está firmemente anclado en la técnica y la artesanía: durante el tiempo que he estado en Studio Squina he aprendido las técnicas básicas de joyería.
Mi taller funciona actualmente por encargo. Las piezas pueden ser en latón o alpaca pero yo prefiero trabajar en plata. Actualmente acabo de estrenar mi web oficial.
En el futuro quiero consolidar la técnica para hacer otras piezas que plasmen todo lo que he sentido en este proceso vital, usando esmalte y técnicas diferentes de las que he aprendido hasta ahora.
Recuerda que puedes mantenerte informado/a en todo lo referido al hígado, enfermedades y trasplante en nuestro blog, en donde subimos un artículo semanal acercando todo tipo de información sobre este campo a la población.
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