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La relación entre hígado y riñón: porque si el primero sufre, el segundo se resiente

Ayer, día 12 de marzo, se celebró el Día Mundial del Riñón, un órgano vital en nuestro organismo y que forma un equipo con el hígado centrado en la limpieza de nuestro cuerpo. Mientras el hígado procesa y transforma sustancias, los riñones se encargan de filtrarlas y expulsarlas.

En este artículo traemos una serie de conceptos muy a tener en cuenta y que ampliarán nuestro conocimiento acerca de la importancia de ambos órganos, así como consejos para cuidarlos en el día a día.

La vasoconstricción del riñón

Cuando existe una enfermedad hepática avanzada, como la cirrosis, se produce un fenómeno curioso y peligroso: el flujo de sangre se altera.

En patologías hepáticas graves, los vasos sanguíneas del cuerpo se dilatan, haciendo que la presión arterial caiga. Dado que el riñón necesita presión continuada para filtrar bien, lo interpreta como una falta de líquido y se contrae, una función llamada vasoconstricción con el objetivo de subir la presión.

El resultado es que el riñón deja de recibir sangre suficiente para trabajar. Esto puede derivar en lo que se conoce como Síndrome Hepatorrenal, donde el riñón falla simplemente porque el hígado no está enviando las señales correctas, aunque el riñón en sí esté sano.

Las señales de la piel y la orina

A menudo, el primer aviso de que la relación hígado-riñón está en tensión no sale en una analítica, sino en el espejo.

Bilirrubina. Cuando el hígado no puede procesar la bilirrubina, esta se acumula en la sangre y provoca que el riñón haga sobreesfuerzo, ya que este intenta eliminarla a través de la orina, haciendo que esta adquiere un color oscuro.

Prurito. Un síntoma muy común cuando tenemos un problema en nuestro hígado es el prurito, el cual es una picor insoportable y que no para y condiciona la vida del paciente de manera drástica. Se produce por la acumulación de sales biliares que el riñón no consigue filtrar del todo.

El MELD: La puntuación que une a ambos órganos

Es fundamental que el y la paciente entienda cómo se prioriza en las listas de trasplante. El índice MELD (Model for End-Stage Liver Disease) es la fórmula matemática que decide la gravedad de un paciente.

Esta fórmula utiliza tres valores principales, y uno de ellos es la creatinina (que mide la función del riñón). A través de esta fórmula se puede demostrar que la salud del riñón es tan determinante como la del hígado para decidir la urgencia de un trasplante hepático.

La masa muscular puede engañar

En pacientes con enfermedad hepática crónica, las pruebas renales puede parecer, a veces, mejores de lo que están. Este dato, poco conocido e importante, se puede producir porque muchos/as pacientes pierden masa musculara (sarcopenia) y dado que la creatinina es un residuo del propio músculo, si hay poco músculo, habrá, por tanto, poca creatinina, lo que podría llevar a la estimación errónea de que los riñones funcionan perfectamente. En estos casos, los/as profesionales médicos/as también realizan mediciones más específicas para evitar este error.

El impacto de la nutrición y el equilibrio de la proteína

La/el paciente con una patología hepática enfrenta un reto, en general con la propia enfermedad, pero también en ámbitos concretos como la nutrición. El hígado enfermo necesita proteínas para no perder fuerza y seguir regenerándose. Sin embargo, si el riñón empieza a fallar, el exceso de proteínas puede volverse una tarea difícil de procesar. En estos casos, conviene evitar proteínas como las carnes rojas y optar por proteínas de origen vegetal como las legumbre, soja o lácteos desnatados, los cuales suelen ser mejor tolerados.

El papel de la política sanitaria y la donación

En España, somos referentes gracias a la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). Nuestro país ha perfeccionado los protocolos de trasplante combinado para que, si un donante puede salvar a una persona que necesita ambos órganos, se priorice esa cirugía multisistémica, optimizando el recurso más valioso: la generosidad de los donantes.

El trasplante hepato-renal

En casos donde tanto el hígado como el riñón han sufrido daños irreversibles, la medicina opta por el trasplante combinado. Lo fascinante de esta intervención es que el hígado nuevo suele ejercer un papel protector sobre el riñón trasplantado, ayudando a que el cuerpo lo acepte mejor.

Consejos para el día a día

Para un/a paciente, cuidar los riñones es la mejor estrategia para proteger su proceso hepático o su trasplante:

  • Vigilancia del Sodio (Sal): Reducir la sal ayuda a evitar la acumulación de líquidos (ascitis y edemas), lo que quita presión al sistema circulatorio que conecta ambos órganos.

  • Hidratación controlada: No se trata de beber «mucha» agua, sino la cantidad exacta que recomiende el especialista. Un exceso o una falta de hidratación pueden desequilibrar el filtrado renal.

  • Cuidado con los suplementos: Muchas personas recurren a «hierbas naturales» o suplementos vitamínicos sin saber que el riñón debe filtrarlos. Siempre consulta antes de añadir cualquier producto a tu dieta.

  • Atención al color de la orina: Una orina muy oscura o una disminución notable en la cantidad de veces que se va al baño son señales de alerta que deben comunicarse al equipo médico.

  • Peso y actividad física: Mantenerse activo ayuda a regular la presión arterial de forma natural, evitando que los riñones tengan que hacer «esfuerzos extra» para compensar una mala circulación.


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